
A mi amigo
que aunque nunca nos reconocimos,
nos conocimos siempre en los textos amorosos.
Te encontré una tarde de adolescencia árida,
con los
oídos llenos de música caminaba,
el suelo encharcado y no había mucha gente en las calles.
Mientras apretaba el paso solo por ver que se sentía,
no perdí oportunidad de mirarme en los vidrios de las tiendas,
en las ventanas de las casas, en las vitrinas de las
refaccionariasy esa puerta transparente del técnico en prótesis dental.
Me dijo "está de oferta" el señor grueso que atendía esa librería.
Ni siquiera la intención de comprar tenía,
ni siquiera un peso cortado por la mitad guardaba
y cómo cuando no tienes nada que hacer más que retar a
quien sea que se, pensé "le cambio
este libro de oferta por un collar para su hija, o su esposa... o
su amante si quiere"
Cuando acordé, ya caminaba de nuevo por las banquetas
recién bañadas y mi libro en la mano, no traía el collar así que esbocé una diminuta sonrisa de placer, de saber que puedes hacer lo que quieras, cambiar un collar, mirarte en los reflejos, traer el cabello revuelto, escuchar a
volúmenes incomprensibles las música de
Frank Sinatra, de sentirte
Janis Joplin en el 2000, de no decirle a tu mamá a dónde vas, de cambiar tu rumbo y regresar con un libro de
Benedetti y tener 15 años apenas...
Te extraño tanto rebeldía...
fue hace tanto,
que también te extraño, querido Mario... buen viaje.